Ésta es la historia del volcán Paricutín

El nacimiento del Volcán Parícutin inició según testimonios 1 a las 16:00 del 20 de febrero de 1943. Su actividad inicial estuvo caracterizada por una serie de fumarolas y de explosiones piroclásticas con bombas volcánicas que se emplazaron a través de una fisura orientada al nordeste y el colapso de un contemporáneo y evidente abombamiento que se había formado seis meses atrás.

Las erupciones violentas comenzaron desde las 24:00 del mismo día y a partir de las primeras horas del segundo día aparecieron los derrames de lava. La actividad continuó de manera paroxismal con explosiones de bombas y lapilli y depósitos piroclásticos hasta 1949 con una inactividad que fue interrumpida por una reactivación intensa que se extendió hasta marzo de 1952, cuando cesó su actividad repentinamente.

Los flujos de lava cubrieron 18.5 km2, con un volumen de mas de 2 km3. Las lavas del Parícutin tuvieron importantes variaciones en su viscosidad y composición, reconociéndose rocas del tipo de andesitas y basaltos congruentes con pequeñas diferencias en sus contenidos de SiO2 y presencia de minerales de olivino y ortopiroxeno.

Su cono (2808.6 m.s.n.m.) alcanzó 424 metros de desnivel con relación al Valle de Quitzocho-Cuiyusuru. Los flujos de ceniza oscurecieron por años el paisaje de la Meseta purhèpecha y viajaron a través de la atmósfera hasta la Ciudad de México.

Los derrames de lava y los depósitos piroclásticos cubrieron un área de 300 km2 alrededor del cono, dejando una paisaje de aspecto devastado y prácticamente sin cobertura de vegetación.

Durante el proceso de erupción la fauna silvestre prácticamente desapareció en menos de diez días; en pocos días murieron 4500 cabezas de ganado y 550 caballos. La Cruz Roja Mexicana llegó hasta principios de mayo (¡dos meses y medio después!).

Las poblaciones de Parícutin, San Juan Parangaricutiro, Zirosto, Zacán y Angahuan se vieron directamente afectadas. Se produjo el éxodo de mas de 2500 personas incluyendo dos poblaciones completas (Parícutin y San Juan Parangaricutiro).

A pesar de que no se registraron muertos por la catástrofe, si existieron muertos por problemas de salud indirectos (infartos y vías respiratorias) y muchos otros por problemas de reubicación y litigios causados por la pérdida e imprecisión de límites de propiedad.

Los testimonios de los campesinos e indígenas Dionisio Pulido, Paula Cervantes y Aurora Cuara fueron recogidos por diferentes geólogos que llegaron después dos y cuatro días después de iniciada la erupción. La precisión de su descripción permitió establecer y comprobar el abombamiento, colapso, agrietamiento y proceso inicial de erupción.

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